Mire que yo apoyo a la antiglobalización, pero no confundamos el concepto con los individuos... No se pierdan esta cascada de boludeces alegres, Ricardo Domínguez merece su carcajada... 

 

 Ricardo Domínguez
"Conseguimos colapsar el pentágono"
 

Tengo 42 años. Nací en Las Vegas (Nevada) y vivo en Brooklyn (Nueva York). Ni estoy casado ni tengo hijos. Estudié teatro clásico. Soy zapatista, quiero un mundo en el que los individuos no valgan menos que los bienes de consumo. No tengo religión. He participado en en las sesiones "digital-is-not-analog" organizadas por el CCCB

-Sigo sin entender en qué consiste el hacktivismo.

-Pues acompáñeme a comienzos de los años ochenta, cuando nacen los hackers.

-Vamos allá.

-Los hackers quieren que la información sea libre y se dedican a descifrar y saltarse los códigos de entrada. A ese trabajo nosotros lo llamamos "reverse engineering".

-La policía les llama piratas informáticos.

-La policía y los medios de comunicación se confunden, porque una cosa son los hackers y otra los crackers, que son los individuos que entran en el sistema de tu ordenador y te roban los datos.

-¿Y los hacktivistas?

-Es un movimiento que comienza con los zapatistas y trabaja la palabra y la acción virtual. No son nada violentos.

-¡Pero si el zapatismo es un movimiento revolucionario armado!

-...Sólo fueron violentos los diez primeros días de 1994. El zapatismo nace en Chiapas al mismo tiempo que se crea el Nafta, el tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Y nace como respuesta a la presión del comercio mundial, que deja al margen a los ciudadanos.

-¿Y los hacktivistas dan voz electrónica a los zapatistas?

-La primera acciones del Teatro del Disturbio Electrónico, la voz digital del zapatismo, fue causar el caos en las redes del Pentágono, del presidente Zedillo y de la Bolsa de Frankfurt.

-¿Por qué?

-Desde sus sitios en Internet intentaban tumbar a las sociedades autónomas de los zapatistas que denuncian sus actividades comerciales en la zona; y nosotros contraatacamos y conseguimos aparecer en la portada de "The New York Times".

-Ya, pero ¿qué es lo que hicieron?

-Comenzamos con las acciones de desobediencia civil electrónica que nos caracterizan. Conseguimos que simultáneamente se cayeran los servidores del Pentágono, del presidente Zedillo y de la Bolsa de Frankfurt.

-¿Cómo?

-Hemos descubierto un código con el que se puede llamar muchísimas veces a la puerta de los servidores: ¡toc, toc!, hasta que éstos se cansan y se caen. Es como un cinturón de gente alrededor de un lugar que impide el acceso a ese lugar: un cinturón virtual.

-¿Para qué?

-El 22 de diciembre de 1997, Zedillo había mandando un ejército contra la comunidad zapatista cuyo resultado fue la masacre de Acteal. Los militares mataron con machetes a 45 niños, mujeres y hombres: el mundo debe saberlo.

-¿Hasta dónde llegan sus acciones?

-Durante todo el 98 hicimos protestas contra los gobiernos que indirectamente habían participado en la masacre. Se creó un movimiento mundial a través de la red.

-¿Y el hacktivismo fue creciendo?

-Para conmemorar los siete años de los zapatistas, a las 12 y un minuto de 1999, el Teatro del Disturbio Electrónico dio a la comunidad digital el código para bloquear los sitios; el HTML, el código más básico de la red y con el que se puede abrir cualquier página mil veces seguidas y con mucha rapidez.

-¿Quiénes fueron los primeros en caer?

- A los 20 minutos Queer Nation, una comunidad gay de Los Ángeles, hizo un cinturón virtual contra "Godhatesfags.com" (Dios odia a los maricones.com).

-¿Hasta qué punto es útil el hacktivismo?

-Hasta el punto que los militares de Estados Unidos nos invitaron a Washington, a la agencia de seguridad nacional, para que les explicáramos qué hacíamos, cómo y por qué.

-¿Se lo explicaron?

-Les hicimos una performance y les aclaramos que el hacktivismo no tiene nada que ver con el cracking, con el ciberterrorismo o el ciberkiller.

-¿Una performance dice?

-Sí, invité a un amigo que es dj y montamos unas macropantallas. En una mostrábamos los comunicados sobre los medios libres de comunicación de los zapatistas y en la otra proyectábamos una película de Godard, "Alphaville", que trata de un detective que destruye el ordenador que controla el mundo haciéndole llorar con su poesía.

-Los militares debieron alucinar.

-Nos interrogaron durante tres horas. Se enojaron mucho, nos acusaron de quebrar la ley. Pero fueron ellos los que la habían quebrado mandándonos bombas informáticas.

-¡¿Bombas informáticas?!

-Sí, quebraron nuestros sistemas y de paso la ley que prohíbe al Gobierno usar sus bombas contra grupos de civiles en protesta. Que quede claro que el ciberterrorismo y el cibercrimen no viene de nosotros; en este caso lo practicó el gobierno de Estados Unidos.

-Hay una cosa que se me escapa: en Chiapas no hay ordenadores.

-Los zapatistas reconocieron que podían usar la fuerza electrónica en lugar de la fuerza armada. Tal como dijo el comandante Ramona, "la red intergaláctica es más poderosa que cualquier arma". A partir de ahí los zapatistas representaron a esa población que no tienen derecho al voto, ni a la propiedad de sus tierras, ni a la educación, ni a la salud.

-...Ni a la electricidad.

-No, pero saben usar las palabras, y en enero del 94 esa comunidad maya comenzó la red más grande del mundo informático.

-¡¿Cómo?!

-Con palabras, con canciones, con poemas que cruzaron todos los sistemas mediante el correo electrónico. Un poema es más poderoso que un servidor.

 

LA VANGUARDIA -  20/11/2002

Si llegó hasta ésta línea es porque quedó atrapado por la dialéctica del amigo... ¿Notó aquello de "los zapatistas no son nada violentos", o que "esa comunidad maya comenzó la red más grande del mundo informático"? Dele, confiéselo ¿a que no sabía que se podía ser zapatista pero vivir al mismo tiempo en Brooklyn como el amigo?

 

 

  Solita...¿¿La maravillosa frase de la tapa se la estabas diciendo al fotógrafo mientras posabas??

 

 

 


   He descubierto un personaje fascinante: la novia de Silvio Soldán: al parecer este gato estuvo preso 6 meses y en Caras (obbbbvvvio) le hicieron una nota (que mereció la tapa) en donde descubrí este encantador párrafo:

CARAS: En ese escenario, ¿tenía voluntad para ocuparse de su estética?

El Gato (perdón, GISELLE RIMOLO): Un poco. Para conservar el color de mi pelo, le encargaba a Silvio una tintura que, aunque no era el color exacto que me hago en la peluquería, me servía. Una de mis compañeras me hacía el color, baños de crema y brushing cada quince días. Para solucionar el tema de las extensiones tuve la idea de pedirle a Silvio que me llevara una pistolita para colocar pegamento que yo cargaba con barras de siliconas. Les enseñé a mis compañeras a ponerlas como lo hacen los peluqueros. Al principio ellas intentaban arreglármelas con cinta adhesiva, pero no resultaba. Me ayudaban a ir coleccionando cada cabello que se me caía y lo conservaban en una cinta adhesiva, pelo por pelo. Después me las colocaban en la cabeza. Eso sí, durante los seis meses tuve las mismas extensiones. Me pareció desubicado pedir autorización para ingresar unas nuevas. Con respecto a las uñas esculpidas, se me fueron cayendo y me crecieron las mías naturales. Ahora me las voy a dejar así.

¿¿No es maravilloso?? ¿Se la imaginan con la pistolita? Para mi que la técnica la sacó de Boluda Total. Ahora, hubiera pagado por verle las mechas sujetadas con cinta scotch... Eso si, no pidió autorización para ingresar nuevas extensiones... Giselle, una cosa es ser desubicada y otra ser una ridícula...